Es la necesidad de contarle a alguien una parte de las cosas que en este instante rondan por mi cabeza; cabeza de una adolescente empedernida unida a una multitud de desechos sociales denominados jovenes que algún día se verán en la obligación de madurar. Formo por suerte o por desgracia, de una sociedad en la que lo diferente es inconscientemente, algo enemigo. Tengo 14 años. ¿Que puedo saber de la vida? Soy igual de inmadura que todos esos desechos sociales a la vista de cualquier adulto, e incluso a la vista de los que están a mi nivel. No se si soy un prototipo defectuoso de adolescente. Supongo que simplemente soy yo. En estos últimos tres años he ido experimentando sensaciones, cosas desconocidas, y aunque sigo siendo yo, no soy igual. Ahora los pequeños detalles pasan a ser los hechos más importantes. Por ejemplo, vas caminando por una calle, una calle cualquiera. Caminas junto a dos personas más, dos amigos, dos familiares, la cosa es ir acompañado, y, entonces, una de las personas que te acompaña pide un poco de silencio, ¿Sabes que ocurre ahora? es irónico, idiota, suena un piano, Beethoven, sonaba a Beethoven. Entonces, es como que sin querer, o queriendo, o, por que sí, sonríes, sonríes de una forma especial y te das cuenta de que los pequeños momentos de la vida son los que te hacen ser feliz. Algo tan simple como eso. No soy materialista, soy una persona con un gran defecto: analizar todo cuanto me rodea.
Y leo todo lo que escribí hace ya bastante tiempo, mi conclusión se basa en que la madurez llega poco a poco.